Canarias, ¿la última colonia?

Sábado 7 de Junio 18 horas
Canarias, una sola voz.

Admito que en alguna parte de mi debe haber habitado siempre alguna inquietud independentista, sin embargo -consciente de que ese no es un sentir fuertemente arraigado en la sociedad canaria y del enorme recorrido que entiendo aún tiene la conquista de mayores cuotas de autogobierno- siempre he practicado un nacionalismo bastante pragmático que por razones de oportunidad ha renunciado a esa inquietud, siempre que no nos den motivos para ello. Un nacionalismo que básicamente aspira a que el Gobierno central no siga legislando sin entender que un territorio distinto como Canarias merece un trato diferenciado por pura lógica geográfica, sin necesidad siquiera de entrar en posiciones ideológicas, que sin duda hay quien las tiene y bien armadas.

Pero lo que está pasando con las prospecciones petrolíferas en Canarias trasciende todos los límites de lo tolerable para la dignidad de cualquier pueblo. La ignorancia, el desprecio y la provocación con que el Gobierno central -impulsado por un ministro que se dice canario y apoyado por un PP canario mayoritariamente sumiso y cobarde– está tratando a Canarias, adquiere tintes de un colonialismo de otra época que invita irremediablemente a sobrevolar la idea de la “descolonización”.
Si un Gobierno central no es capaz de respetar la voluntad de quienes en democracia representan la soberanía popular, es decir, la práctica totalidad de las administraciones públicas Canarias; si ese mismo Gobierno no es capaz de entender y atender a la voluntad popular expresada de manera masiva en las calles; si ante las dudas, que al parecer tienen al respecto, ese Gobierno no es capaz de permitir que sea el pueblo Canario soberano quien en referéndum popular se pronuncie; y si además ese Gobierno justifica tamaña afrenta llenándose de flagrantes mentiras y falsedades al servicio exclusivo de los intereses de una multinacional, entonces ¿de qué nos sirve aspirar a mayores cuotas de autogobierno?. ¿Qué hacemos en un Estado que no nos escucha, que no nos atiende, que no nos defiende de la peor de las especulaciones y vende nuestro futuro en contra de nuestra voluntad?.

No creo que ningún Gobierno fuera capaz de semejante atropello en ninguna de las comunidades del territorio continental, en contra de sus administraciones públicas, de sus pueblos y del sentido común . Baleares ha demostrado que esta no es una guerra política, donde para el PP está primero Baleares y después el partido, a diferencia de lo que ocurre en Canarias donde para el PP, el partido y su ministro están primero que Canarias. Insisto en que el independentismo no está entre mis objetivos, ni creo que en el sentir mayoritario de la sociedad canaria, siempre que no nos den motivos para ello. Pero si el Estado se atreve a perpetrar esta brutal agresión sin precedente a Canarias, estarán abonando el único camino que nos dejen para defender nuestro futuro y alimentando irresponsablemente el caldo de cultivo de un sentir que puede tener consecuencias imprevisibles en un territorio como Canarias. Si a la voluntad firme y abrumadoramente mayoritaria de este pueblo no se le ofrece más salida que el trato colonial, ¿habremos de buscar otra salida como si fuéramos la “última colonia”?. Confío en que aún podamos parar esta locura.

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