Territorio y justicia: verdad frente a manipulación

Tienen varios problemas con “la verdad” quienes, acaso tratando de recuperar prebendas perdidas unos, y posición socio estratégica otros, vuelven a la carga tratando de atribuirme espurios intereses en la gestión del territorio por una parte, y la responsabilidad de una supuesta inacción total del Cabildo de Lanzarote y el grupo de Gobierno que tengo el honor de presidir.

 

El primero de sus problemas, cuanto me atribuyen la pretensión de saltarme la Justicia con el asunto de las anuladas licencias urbanísticas de camas turísticas, es que la verdad, “la gran verdad”, es muy poderosa y tengo tres años y medio para que ésta aflore con toda la fuerza incontestable de la Justicia, de la transparencia y de los hechos. Y el hecho es que es precisamente la propia Justicia la garante del cumplimiento de sus sentencias, de la defensa del interés general y de dejar en el  plano del pataleo que merecen a estos especialistas de la confusión mediática en beneficio propio.

 

Lo contrario sería tanto como acusar a los propios jueces de connivencia con la dirección política y sé que para eso les faltan arrestos. El debate está por fin en el terreno del que nunca debió salir, en el jurídico-técnico, donde la Justicia y los jueces, insisto, tienen la última palabra desde el principio compartido de la no impunidad para los transgresores del ordenamiento conculcado.

 

Por otra parte, no dudo de que algún poder empresarial pueda confundir la firme voluntad en la búsqueda de soluciones a un problema que nos está afectando demasiado a todos, con la defensa exclusiva de sus intereses. Pero si así fuera, “pobrecito mi patrón, piensa que el pobre soy yo”. El problema de estas licencias de edificación, otorgadas sobre suelos aptos, concebidos y planificados por el propio PIOT para hacer precisamente camas turísticas y no otra cosa -no debemos olvidar esto–, pasa por soluciones que huyendo de la impunidad, lo hagan también de la discrecionalidad política y técnica que pretendían algunos, y por tanto sean equilibradas, objetivas, y lo más importante de todo, razonables, razonadas y asumidas como justas por quien tiene la última palabra, esto es la Justicia. Esta es “la gran verdad”, lo importante y no puede ser ni será de otro modo.   

Todo lo demás sobra, salvo para ellos y quienes están en su misma guerra contra Lanzarote.

 

El segundo de los problemas de alguno de estos “elementos”, es otra “gran verdad” que siguen sin comprender, o más bien sin terminar de creer, -acostumbrados como están a vender titulares y comprar voluntades políticas a golpe de presión mediática unos, y a pretender patrimonializar la autoridad moral de la isla otros- y es que yo estoy en esto por convicción. Una convicción que me obliga a reivindicar tanto la autoridad moral de la máxima institución insular y quienes conformamos su Gobierno, como la dignidad de no haberme sometido jamás al chantaje de quienes a base de injurias, calumnias y acusaciones siempre veladas, cuando no directamente chabacanas, solo pretenden recuperar “el favor” del Cabildo y sus entes participados. Aquel favor tan discriminatorio para otros y del que tanto se aprovecharon ellos y algún que otro despacho, cuando su defendido benefactor -el todavía secretario general de un PSOE que no le merece-  controlaba casi todo en esta institución.  

 

En cuanto a la supuesta parálisis e inactividad absoluta del Cabildo, que contrasta con la frenética actividad reflejada en las múltiples notas de prensa que diariamente lanzan los distintos departamentos, solo nos queda seguir trabajando duro. Soy consciente de las enormes dificultades socioeconómicas en que asumí esta responsabilidad y también de que esperan tiempos muy difíciles en los que arreciarán las críticas a todo aquel que gobierna, especialmente cuando se confunde intencionadamente a los ciudadanos sobre cuáles son las competencias del Cabildo, como si absolutamente todo  lo que no funcione, claro, fuera responsabilidad de la primera institución.

 

Pero también soy consciente de que cuento no sólo con tres años y medio por delante, -estabilidad mediante- sino con un gran equipo de Gobierno y cargos técnicos de confianza cualificados, que a poco que logremos implicar algo más al personal de la corporación que me honro en presidir, y entre los que se encuentran magníficos profesionales no siempre suficientemente reconocidos, el trabajo dará sus frutos como ya los dio en el escaso año y medio en que por primera vez tuve el honor de presidir el Cabildo en la pasada legislatura. Y lo soy porque hay cosas que no dependen sólo de la situación económica, sino tienen que ver con la capacidad de trabajo, con el rigor, con la honestidad con que afrontamos el reto y con tener una verdad en las manos. En definitiva, de lo que sí está en nuestras manos.   

 

En 2015 volverán a hablar las urnas y todos tendremos que aceptar los resultados, yo el primero esté donde esté, pero lo haré con la dignidad que, estérilmente, insisten en arrebatarme aquellos que no la tienen.

 

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